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Bombillos ahorradores

 

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A pesar de algunas conclusiones de investigaciones, verdaderas o no, vaya uno a saber, que dicen que la luz de los bombillos ahorradores podría generar ciertos problemas de cáncer; a pesar de lo caros que resultan para muchas familias en la canasta familiar; a pesar de lo grandes y pesados, en fin, con todo esto, los bombillos ahorradores se convirtieron muy pronto en uno de los adminículos más apetecidos en bastantes hogares por el considerable servicio que prestan en la cuenta general de electricidad. Estos aparatos, a base de luz fluorescente, tienen algunas características que bien vale la pena nombrar.

Como primer término, la luz despedida por estas herramientas es mucho más suave para iluminar y más potente en el alcance que la de un bombillo ordinario, este a base de filamentos incandescentes que están conectados directamente al centro de abastecimiento de energía. Esto hace, en el caso de las “bombillas de toda la vida”, que el tiempo de vida del producto tienda a ser más corto, porque con sólo un filamento que logre desprenderse de las líneas de poder, inmediatamente pasa al estado de “quemado”. Los bombillos ahorradores en cambio, sacan su energía de un balasto.

Un balasto es un circuito rectificador compuesto de un diodo de onda completa y un oscilador, encargado de elevar la frecuencia de la corriente de trabajo del bombillo entre 20.000 y 60.000 hertz  (definición tomada del sitio web asifunciona.com). Es por esto que los bombillos ahorradores logran una mayor iluminación que los bombillos tradicionales, aunque se tarden por esta misma característica un cuarto más de segundo en prender que los bombillos antiguos. También su tiempo de vida es mucho más largo, de 8.000 a 10.000 horas frente a las 1.000 de un bombillo pretérito, y, por supuesto, si un bombillo incandescente gasta 150 W, uno ahorrador reduce esa cifra a sólo 52W.

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